domingo, septiembre 09, 2007

Palacio de Monterrey


El palacio de Monterrey en Salamanca

El palacio salmantino de Monterrey constituye una de las muestras más afortunadas del estilo plateresco. Su nombre responde a que fue mandado construir, en 1540, por Don Alonso de Acevedo y Zúñiga, cuarto conde de Monterrey, en un momento de gran esplendor de su linaje. En efecto, dicho noble, que incrementó considerablemente sus señoríos, sirvió destacadamente al emperador en el levantamiento del sitio de Viena, atacada por los turcos. Su nieto Gaspar, quinto conde, fue virrey de Nueva España y del Perú. El sexto conde contrajo matrimonio con Doña Leonor de Guzmán, hermana del conde-duque de Olivares, recibió la Grandeza de España y fue virrey de Nápoles. En las postrimerías del seiscientos, la heredera del condado, Catalina de Haro y Guzmán, casó con el X Duque de Alba. Así título y palacio ingresaron en la Casa de Alba, hoy Berwick y Alba, donde continúan en la actualidad.

A pesar del referido esplendor, el enorme palacio quedó inacabado; aun así, la entidad y belleza de los construido es tal que sirvió de modelo al pabellón español en la Exposición de París de 1900. Con planos de fray Martín de Santiago y Rodrigo Gil de Hontañón, de la egregia mansión se ejecutó, aproximadamente, una cuarta parte, de singular belleza por sus galerías corridas y la afiligranada crestería calada de sus coronamientos. Particularmente célebre es su torre, una de las cuatro proyectadas, con sus ventanas y balcones de espléndida hechura plateresca, ornados sus ángulos por escudos de los preclaros linajes de Zúñiga, Acevedo, Fonseca y Ulloa, sostenidos por leones y animales fabulosos.

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